Naranjas Confitadas

Continuando con el post anterior acá les dejo la receta de las naranjas confitadas con las que acompañe la torta de naranjas. Es mucho mas fácil de hacer de lo que suena y queda delicioso.

Puede hacerse con cualquier cítrico (mandarina, pomelo, limón) y queda buenazo con tortas y budines pero también imagino que debe ser delicioso con helado de crema. Ya llega el frío y la época de los cítricos así que es el tiempo justo para ir pensando en hacer cosas como esta.

Creo que voy a intentar hacerlo este invierno con kinotos. Me acuerdo que hace varios años comprada en una panadería francesa un budín de naranja que venia con rodajitas de kinotos confitadas/acarameladas arriba y me parecía lo mas rico del mundo. Si sale bien hago un update.

Naranjas Confitadas

Ingredientes

1 naranja (si es organica, mejor)

2/3 Taza (130g) de azúcar

2/3 Taza (160 ml) de agua

Procedimiento

1. Cortar la naranja en rodajas de aproximadamente medio centímetro.

2. Poner las rodajas en una cacerola, cubrir con agua y hervirlas por 10 minutos. Luego retirar del fuego y colar bien.

3. Poner las rodajas de nuevo en la cacerola con la cantidad de azúcar y agua indicados en la receta y hervir suavemente por 10 minutos aproximadamente o hasta que estén translucidas y tiernas.

4. Dejar enfriar y disfrutarlas en el momento o guardarlas con su almíbar.

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1.

¡Bienvenidos! Para comenzar este nuevo proyecto les dejo el poema de Pablo Neruda del cuál “tome prestado” el nombre para este blog:

DULCE, SIEMPRE

Por qué esas materias tan duras?
Por qué para escribir las cosas
y los hombres de cada día
se visiten los versos con oro,
con Antigua piedra espantosa?
Quiero versos de tela o pluma
que apenas pesan, versos tibios
con la intimidad de las camas
donde la gente amó y soñó.
Quiero poemas mancillados
por las manos y el cada día.
Versos de hojaldre que derritan
leche y azúcar en la boca,
el aire y el agua se beben,
el amor se muerde y se besa,
quiero sonetos comestibles,
poemas de miel y de harina.
La vanidad anda pidiéndonos
que nos elevemos al cielo
o que hagamos frofundos túneles
inútiles bajo la tierra.
Y así olvidamos menesteres
deliciosamente amorosos,
se nos olvidan los pastels,
no damos de comer al mundo.
En Madras hace un tiempo largo
vi una pirámide azucarada,
una torre de dulcería.
Cada unidad sobre otra y otra
y en la arquitectura, rubies,
y otras delicias sonrosadas,
mediovales y amarillas.
Alguien se ensució las manos
amamando tanta dulzura.
Hermanos poetas de aquí,
de allá, de la tierra y del cielo,
de Medellín, de Veracruz,
de Abisinia, de Antofagasta,
con qué se hicieron los panales?
Dejémonos de tanta piedra!
Que tu poesía desborde
la equinoccial pastelería
que quieren devorar nuestras bocas,
todas las bocas de los niños
y todos los pobres adultos.
No sigan solos sin mirar
sin apetecer ni entender
tantos corazones de acúcar.
No tengan miedo a la dulzura.
Sin nosotros o con nosotros
lo dulce seguirá viviendo
y es infinitamente vivo,
eternamente redivivo,
porque en plena boca del hombre
para cantar o para comer
está mituada la dulzura.