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¡Bienvenidos! Para comenzar este nuevo proyecto les dejo el poema de Pablo Neruda del cuál “tome prestado” el nombre para este blog:

DULCE, SIEMPRE

Por qué esas materias tan duras?
Por qué para escribir las cosas
y los hombres de cada día
se visiten los versos con oro,
con Antigua piedra espantosa?
Quiero versos de tela o pluma
que apenas pesan, versos tibios
con la intimidad de las camas
donde la gente amó y soñó.
Quiero poemas mancillados
por las manos y el cada día.
Versos de hojaldre que derritan
leche y azúcar en la boca,
el aire y el agua se beben,
el amor se muerde y se besa,
quiero sonetos comestibles,
poemas de miel y de harina.
La vanidad anda pidiéndonos
que nos elevemos al cielo
o que hagamos frofundos túneles
inútiles bajo la tierra.
Y así olvidamos menesteres
deliciosamente amorosos,
se nos olvidan los pastels,
no damos de comer al mundo.
En Madras hace un tiempo largo
vi una pirámide azucarada,
una torre de dulcería.
Cada unidad sobre otra y otra
y en la arquitectura, rubies,
y otras delicias sonrosadas,
mediovales y amarillas.
Alguien se ensució las manos
amamando tanta dulzura.
Hermanos poetas de aquí,
de allá, de la tierra y del cielo,
de Medellín, de Veracruz,
de Abisinia, de Antofagasta,
con qué se hicieron los panales?
Dejémonos de tanta piedra!
Que tu poesía desborde
la equinoccial pastelería
que quieren devorar nuestras bocas,
todas las bocas de los niños
y todos los pobres adultos.
No sigan solos sin mirar
sin apetecer ni entender
tantos corazones de acúcar.
No tengan miedo a la dulzura.
Sin nosotros o con nosotros
lo dulce seguirá viviendo
y es infinitamente vivo,
eternamente redivivo,
porque en plena boca del hombre
para cantar o para comer
está mituada la dulzura.